abril 06, 2015 - , , 0 comentarios

Capítulo XXVII: regreso al astral.

Mi espacio en el astral se había vuelto un bosque de árboles muertos. Lo que alguna vez había sido florido y lleno de vida, ahora se descascaraba y se pudría como lo hacía mi alma en el mundo de los invidentes. Mi mundo astral había sido construido con una dedicación y un esmero que no se encontraban presentes en ese momento, parecía el asqueroso pantano de un ogro. Y el temor de encontrarme con Astrid me picó como un mosquito en la conciencia.
Seguramente allá afuera el doctor Zardhan esquivaba autos estacionados en su afán por alcanzar a la pobre Ada Limbert que se encontraba en su apartamento, boca abajo e inconsciente. Cuando ingresé a la casa en medio del bosque, a ese desastre de papeles tirados en el suelo y paredes quemadas, encontré a una mujer tendida en el suelo, en posición fetal, llorando frenéticamente. Me acerqué a darle consuelo sin imaginar quién era en realidad, podía ser incluso mi peor pesadilla. Era Ada en un estado de shock emocional tan grande que no podía más que repetirse: “están muertos”.
—¿Ada? ¿Ada Limbert? —me cercioré.
La chica de ojos grises me miró como si fuese una especie de salvador. Me tomó de los brazos y me abrazó con una fuerza tal que hasta mi cuerpo físico pareció estremecerse.
—Están muertos. Los maté.
—¿De qué estás hablando?
—Samuel, J… Creo que es el principio nada más. Yo no los quería, los detestaba, hicieron miserable parte de mi vida pero… ¿verlos muertos? No, no es eso lo que quería. No es la cura que necesitaba, no —sacudía su cabeza—. Es que ese doctor fue tan convincente, con esa máquina.
—Zardhan, él está buscándote.
Su tez trigueña empalideció de golpe, sus pupilas se dilataron y podría jurar que sudó en frío mientras quedaba enmudecida y boquiabierta unos segundos. Mirándome a los ojos notó que no le estaba mintiendo.
—¿Para qué quiere ese monstruo encontrarme? ¿No fue suficiente todo lo que hizo conmigo? Ha despedazado una parte de mi memoria en pos de su afán científico, liberó algo escondido dentro de mí que por alguna buena razón estaba durmiendo. No, señor… Si usted ha venido a llevarme con él, me niego a ir. Él y su maldita máquina se pueden ir a la…
—Ada. Puedo llamarte Ada, ¿verdad? No dispongo de mucho tiempo, no estoy tratando de convencerte de nada, todo este asunto de la memoria, los muertos, el apagón… es nuevo para mí. Simplemente estoy viendo si te encuentras bien, Zardhan no sabe todavía que estoy acá, pero si no vuelvo en cualquier momento se va a dar cuenta por… las fuerzas oscuras que trabajan con él. Así que unas palabras más podemos hablar.
—Temo que hay mucho de todo este asunto que no lo sabe, señor…
—Stavros.
—Señor Stavros, cuando vea la oportunidad, corra. Sin importar lo que pase a sus espaldas, usted corra como nunca lo hizo en su vida. No mire atrás, porque será su fin.

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